Michael King volvió a lucir dominante desde la lomita y guió a los Padres de San Diego a una victoria por 1-0 sobre los Bravos de Atlanta la noche del lunes en el Petco Park.
El derecho lanzó siete entradas en blanco y ofreció la actuación que tanto él como la rotación abridora del equipo necesitaban. King permitió apenas cuatro imparables, no concedió boletos y mostró un control mucho más preciso que en sus recientes presentaciones.
La salida representó un importante punto de inflexión para el serpentinero, quien había atravesado una complicada racha de cinco aperturas consecutivas con efectividad de 6.41. Durante ese período, el comando de su sinker había sido una de las principales preocupaciones del cuerpo técnico de San Diego.
Sin embargo, ante Atlanta, King recuperó la confianza en su principal lanzamiento. El derecho colocó el sinker en zona de strike el 77 % de las veces, lo que le permitió complementar eficazmente su repertorio con el cambio de velocidad, el sweeper y la recta de cuatro costuras.
“Cuando logra ubicar bien el sinker, todo lo demás encaja”, había señalado el manager Craig Stammen antes del encuentro. Y eso fue precisamente lo que ocurrió sobre el montículo.
King trabajó de manera eficiente durante toda la noche, lanzando 93 pitcheos, de los cuales 62 fueron strikes. Además, logró su segunda apertura de la temporada sin otorgar bases por bolas, una muestra clara de la recuperación de su control.
La sólida labor del abridor permitió a los Padres sostener una ajustada ventaja de una carrera y frenar algunas de las dudas que habían surgido en torno al rendimiento reciente de la rotación.
Con esta actuación, King no solo ayudó a San Diego a sumar una importante victoria frente a uno de los equipos más competitivos de la Liga Nacional, sino que también envió una señal alentadora sobre su capacidad para recuperar el nivel que lo convirtió en una de las piezas más confiables del cuerpo de lanzadores de los Padres.



