Agárrense, que esto no es cuento: Luis Arráez volvió a ponerse la corona de rey del bateo. El hombre salió este miércoles a batear pitcheos como si estuviera comiendo mango bajito, y terminó de 5-4 —fino, clarito— para dejar su promedio en un .331 que hoy lo tiene sentado en el trono de toda la MLB.
Y no crean que fue jugada de una tarde de suerte. Este fue su juego número 21 con cuatro imparables desde 2022, la cifra más alta de todo el béisbol en ese lapso. O sea, mientras otros batallan por conectar dos hits en una noche buena, «La Regadera» anda regando jonrones… perdón, sencillos, como quien riega el jardín todos los días a la misma hora.
Para rematar la faena, los Gigantes le cayeron encima a los Cerveceros de Milwaukee con un contundente 16-3, llevándose la serie dos juegos a uno en Oracle Park. Arráez, que no se guardó nada, anotó una carrera, empujó dos —ya van 43 en la zafra— y hasta se robó su décima base, quedando a un pasito de igualar su marca personal. Doble dígito en robos por segundo año seguido: el hombre no solo batea, también corre como si le debiera plata a alguien.
Aquí está lo bueno de la vaina, y esto es pa’ que los que dudaban se vayan comiendo el cuento poco a poco: después de dos temporadas seguidas con un Batting Run Value en rojo —o sea, restándole más que sumándole al equipo—, este año el yaracuyano está en +11. Traducción para el que no maneje sabermetría: ya no es solo que toca la bola bonito, es que la está toqueteando productivamente.
Está haciendo contacto sólido a una tasa de 5.5%, la segunda mejor de toda su carrera, y le agarró el gustico al jardín derecho de Oracle Park: 30.2% de sus conexiones van pa’ esa banda, incluyendo un 15.8% por el aire —que aunque esté por debajo del promedio de Grandes Ligas, es de los números más altos que él mismo ha registrado en su carrera. O sea, el parque lo conoce y él ya le tomó la medida.
Y por si fuera poco, el bróder está «matando» las rectas. Pasó de un promedio flojito de .273 el año pasado ante pitcheos rápidos a un .351 arrechísimo… digo, espectacular, en lo que va de temporada. Ahí sí que no hay quien le tire strike tres cantado.
La vaina es que cada año este hombre se reinventa, sigue trabajando el físico y el bate, y deja mudo a cualquiera que se atrevió a pensar que su bajón reciente era el principio del final. Nada de eso, mijo: fue solo una pausa pa’ coger impulso y volver a mandar en la liga de bateo.



