Los Medias Rojas de Boston, que a mediados de junio daban pena ajena (29-42), se metieron en playoffs por segundo año consecutivo. Y el que llevó la batuta de esa resurrección fue un carabobeño con alma de líder: Willson Contreras.
De ahí para acá ganaron 55 de sus siguientes 85 juegos —lo mejor de todas las Grandes Ligas en ese lapso— hasta cuadrar 84-72 y sellar el boleto el domingo, con ayudita de los Bravos de Atlanta, que le bajaron los humos a los Astros. Eso sí, ni celebraron ganando: cayeron ante Tampa Bay ese día, pero después de semejante vuelta, esa derrota quedó como anécdota.
«Nunca dejamos de trabajar, ni de perseguir ese cupo a los playoffs», dijo Willson al Extrabase. Y no es choro: lideró al equipo en jonrones (27), impulsadas (81), embasado (.387), slugging (.518) y OPS (.905).
El escolta en cuadrangulares fue el zuliano Wilyer Abreu (24), que además defiende como candidato a su tercer Guante de Oro consecutivo y lidera a los jardineros derechos de la Liga en Carreras Salvadas a la Defensiva (26). «Le dimos la vuelta a la temporada de una forma increíble», dijo. Contreras lo elogió, junto con Andruw Monasterio: «lo trajeron para acá a hacer un trabajo, se amoldó muy bien a su rol».
Monasterio, en efecto, no llegó de estrella: cubrió las paradas cortas en julio por lesión de Trevor Story y bateó .338 con OPS de 1.044 en ese tramo, coincidiendo con una racha de 15 triunfos seguidos. «Son cuatro años en el show y cuatro años clasificando, es una bendición», comentó.
En el pitcheo, Ranger Suárez cerró fuerte tras un año de altibajos: en sus últimas cinco aperturas tiene foja de 3-1 y efectividad de 2.70. «No comenzamos de la manera que queríamos, pero el talento de los muchachos es increíble», dijo el zurdo de Pie de Cuesta.
Un equipo que en junio olía a desastre y en septiembre empaca maleta para octubre, a punta de trabajo.



