Los Medias Rojas de Boston andan en 13 victorias seguidas, una locura que ya quedó grabada en la historia del equipo, y si hay que repartir crédito por esa racha, Wilyer Abreu se lleva su buen pedazo.
El zurdo venezolano fue clave en la serie y barrida sobre los Rays de Tampa Bay, esos mismos que lideran la División Este y que salieron de Boston con el rabo entre las patas. Abreu cerró la semana bateando .357, con 5 hits, 4 jonrones, 6 impulsadas y 5 anotadas en apenas 4 juegos. Eso no es una semana buena, eso es una semana de esas que se cuentan en las barberías por años.
Fue determinante en las victorias del viernes y el sábado, con par de cuadrangulares en cada encuentro. Y no fueron jonrones de lujo en partidos ya decididos: Boston ganó esos juegos por diferencia de dos y una carrera, respectivamente.
La mejor campaña de su carrera, sin discusión
Wilyer Abreu va directo a la mejor temporada de su vida en Grandes Ligas, y eso que todavía falta. Lleva promedio de .264 con 97 hits, 15 jonrones, 49 impulsadas y 50 anotadas en 96 juegos. Nada despreciable para un jardinero que ya se ganó dos Guantes de Oro y que ahora también quiere hacerse respetar con el bate.
Su WAR está en 3.9, el mejor de su carrera hasta ahora. Va camino a superar sus mejores marcas personales en hits, impulsadas y WAR. Ese muchacho no está de paso, está construyendo algo serio.
Los Medias Rojas suman 13 triunfos al hilo y con eso se metieron de lleno en la conversación de postemporada, algo que hace apenas un mes parecía IMPOSIBLE. Están a 6 juegos del liderato de la División Este y ya tienen amarrado el tercer y último puesto de Comodín en la Liga Americana.
Dentro de esa racha, Abreu batea .250 con 12 hits, 5 jonrones, 10 impulsadas y 12 anotadas en los 13 juegos. No es su mejor promedio dentro de la racha, pero el poder ahí está presente y pesando.
Y no es el único que está halando parejo. Willson Contreras, el primera base, también anda en su cuento: .302 de promedio, 13 hits, 5 jonrones, 16 impulsadas y 10 anotadas. Entre Abreu y Contreras, los pitchers rivales ya no saben ni a quién temerle más.
Así las cosas en Boston: 13 en fila, dos venezolanos rompiéndola, y una afición que ya empezó a soñar en grande otra vez.



