Agárrate duro mijo, que lo que vas a leer no es cuento: Salvador Pérez, el mismo que uno jura que corre con las botas amarradas, salió a robarse una base este domingo. Así como lo oyes. El catcher venezolano, que ya tiene edad y kilometraje pa’ estar pensando en el Salón de la Fama y no en anotarse en las bases robadas, decidió que la tarde estaba fina pa’ hacer una locura.
Fue en el segundo inning, con John Rave al bate y el abridor de los Tigres, Jacob Waguespack, en la lomita. Pérez arrancó pa’ segunda como quien no quiere la cosa, y ni el catcher rival —el también venezolano Eduardo Valencia, que de seguro creció viendo a Salvador jugar y jamás se imaginó que le tocaría verlo correr— se atrevió a tirar. El campocorto Kevin McGonigle corrió a cubrir y Pérez llegó, deslizándose sin problema.
La cosa es que esa base robada no era cualquier cosa: la séptima de su carrera, la primera desde julio del 2021, y la primera en el Kauffman Stadium desde el 2017. O sea, que el capitán se guardó ese show por cinco años, como quien guarda el mejor plato pa’ cuando llega la visita importante.
Y el dugout, como era de esperarse, se puso a bochinchear. Vinnie Pasquantino casi tumba la baranda de tanto celebrar, y Pérez, fresco como una lechuga, se sacudió la tierra del uniforme y le sacó a sus compañeros el gesto de velocidad de Jarrod Dyson, como diciendo «yo también corro, pana, no se asombren tanto».
Ese arranque de velocidad prendió la mecha: los Reales metieron cinco carreras esa misma entrada, arrancando con sencillo del propio Pérez, y esa explosión fue la que terminó marcando el rumbo de la victoria 11-7 sobre los Tigres. Fue el octavo triunfo al hilo del equipo, el noveno en los últimos diez juegos, y cerraron con broche de oro una estadía perfecta de siete partidos en casa, barriendo tanto a los Atléticos como a los Tigres. No ganaban ocho seguidos desde mayo del 2024, así que la cosa venía apretada.
El bullpen, por su parte, se dobló pero no se quebró, como dicen por ahí. José Cuas llenó las bases sin outs en el séptimo y solo permitió una carrera, mientras que Nate Pearson y Steven Cruz cerraron la puerta con candado en el octavo y noveno pa’ sellar la barrida.
Moraleja de la tarde: si hasta Salvador Pérez se manda a robar base, es que en Kansas City la cosa está que arde. Fino el domingo pa’ los Reales.



