El lanzador Parker Messick estuvo a punto de lograr una de las hazañas más difíciles del béisbol, al llevar un juego sin hits hasta el noveno inning.
Messick dominó durante todo el encuentro, manteniendo a raya a la ofensiva rival y acercándose a un histórico no-hitter, una proeza que implica lanzar al menos nueve entradas sin permitir imparables .
Sin embargo, cuando estaba a solo unos outs de completar la hazaña, el sueño se desvaneció en el último episodio, donde finalmente permitió el imparable que rompió la magia.
A pesar de no concretar el no-hitter, la actuación del lanzador dejó una sólida impresión, demostrando dominio absoluto desde la lomita y perfilándose como una de las figuras a seguir.
Su salida quedará como una de esas actuaciones memorables que, aunque no terminan en récord, reflejan el alto nivel competitivo del béisbol.



