Los Bravos de Atlanta andaban con la ofensiva más apagada que bombillo en corte de luz —apenas 11 carreritas en 47 entradas, una pena ajena—, y pa’ completar el cuadro, los Nacionales de Washington se aparecieron este jueves en Truist Park dándole cátedra al pobre Grant Holmes con tres jonrones solitarios, mientras Jake Irvin tenía a los Bravos comiendo cuento con un no-hitter de a mentira, retirando a los primeros 10 bateadores como si nada.
Pero ahí fue cuando se apareció El Abusador Ronald Acuña Jr., que apenas volvió el 27 de julio después de perderse 37 juegos por una lesión en la corva —esas vainas que a uno le arruinan la temporada—, se paró en el plato en la cuarta entrada y le rompió el cuento del no-hitter a Irvin con un jonrón solitario pa’l jardín central. Y no fue cualquier cosa: fue su octavo cuadrangular del año, el primero desde el 31 de mayo, y el primero en casa desde el 24 de abril. O sea, el hombre llevaba rato guardando pólvora.
Ahí fue cuando los Bravos se acordaron de cómo se juega pelota. En la quinta entrada, Mike Yastrzemski empató el juego 3-3 con un vuelacercas de dos carreras, como diciendo «yo también quiero jugar». Y por si fuera poco, en la sexta, el curazoleño Ozzie Albies llegó con un sencillo remolcador de dos carreras que puso a los Bravos arriba por primera vez en la noche, 5-3. Ahí sí, la fiesta ya no había quien la parara.
Jake Irvin, que tenía el no-hitter en el bolsillo, terminó cargando con la derrota (2-5) después de que le cayeran cinco carreras limpias en poco más de cinco entradas. Y del lado de los Bravos, Grant Holmes tampoco tuvo su mejor noche: toleró tres carreras en 4.2 innings, la primera vez desde el 22 de junio que el diestro no llega a completar cinco entradas. La victoria fue pa’ Víctor Mederos, y Raisel Iglesias cerró la faena llegando a 23 salvamentos en la temporada.
Los Bravos respiran con su brujo de vuelta
Con este triunfo, los Bravos dejan su récord en un sólido 64-45, sacándole siete juegos de ventaja al resto de la División Este de la Liga Nacional. Y aunque todavía queda camino por delante, la vaina está clara: cuando Acuña Jr. anda sano y encendido, esta ofensiva deja de ser un problema y se convierte en una máquina de hacer carreras.



