Luinder Ávila ya no está tanteando terreno en la rotación de los Royals de Kansas City: se está sentando en la mesa como quien llegó con hambre atrasada.
El derecho venezolano se llevó su quinta victoria de la temporada este martes con 6.1 innings lanzados, 2 carreras limpias, 7 ponches y apenas 1 boleto otorgado. Fue su primera apertura de calidad en todo el año, y llegó justo cuando más falta hacía: la mejor de su carrera hasta ahora, ante San Francisco, sin arrugarse.
Ávila viene de menos a más, subiendo la parada poco a poco, tanto en innings lanzados como en dominio dentro de la lomita. En lo que va de temporada acumula récord de 5-3, efectividad de 4.86 y 57 ponches en 19 apariciones. Números que no gritan estrella todavía, pero que sí cuentan una historia de crecimiento sostenido, y esa es la que importa.
De relevista a pieza fija de rotación
Ávila arrancó el 2026 tirando desde el bullpen, pero se ganó su puesto entre los abridores a pura constancia, sin pedirle permiso a nadie. Desde junio ha tenido 11 aperturas, y en 9 de ellas lanzó al menos 5.0 innings con 3 o menos carreras permitidas. Solo en dos ocasiones se le fue la mano y permitió 4 o más carreras. Ese es el perfil de un abridor que ya sabe lo que hace en la lomita, no de uno que está de paso.
La salida de este martes fue la más larga de su carrera y también la de mayor cantidad de ponches. Un techo nuevo, y de esos que anuncian que vienen más.
En julio, específicamente, Ávila luce otro nivel: 16.1 innings lanzados, 3.31 de efectividad, 14 ponches, 5 boletos y dos victorias. Ese mes, solito, ya vale una temporada completa para muchos abridores de las Mayores.
Con 24 años y apenas en su segunda campaña en Grandes Ligas, esta es la primera vez que Ávila lanza de forma continua como abridor a este nivel. Y por lo que se ve, no piensa soltar el puesto fácil.
Esta salida bien podría marcar el arranque de su consolidación como uno de los abridores venezolanos con futuro serio en las Mayores. El muchacho no llegó de visita, llegó a quedarse.



