Lo que se vio ayer en el Rogers Centre no fue un juego de pelota cualquiera, fue una clase magistral de un muchachito que a sus 42 años sigue dándole cátedra al bateo moderno. Agárrense eporque Max Scherzer volvió a recordarle a las Grandes Ligas que la edad es solo un número cuando uno tiene el brazo bendecido por Dios.
El veterano derecho se echó al bolsillo 10 ponches en la paliza 7-0 que los Azulejos le metieron a los Marineros, y con el décimo —a Cal Raleigh, en el séptimo inning, pa’ que quede clarito— dejó a Gaylord Perry comiendo polvo y se instaló solito, sin compañía ni arrimado, en el noveno lugar histórico con 3,535 chocolates repartidos. Ese señor no perdona, mijo.
Y como si fuera poco, cuando el Rogers Centre anunció la hazaña, la gente se paró a aplaudirle. Scherzer, fiel a su estilo de guerrero que no se anda con show, saludó bien breve y siguió trabajando como si nada.
Los números no mienten.
- Es la 115ta vez en su carrera que poncha a 10 o más bateadores en un juego. Solo Nolan Ryan (215) y Randy Johnson (212) lo superan desde que la lomita se movió a su distancia actual en 1893.
- Con 42 años y 34 días, se convirtió en el lanzador más viejo en ponchar a 10+ con uno o ningún hit permitido desde que Ryan hizo lo propio en 1991, curiosamente también contra los Azulejos. Ese estadio le tiene cariño al hombre, o le tiene miedo, uno no sabe.
- Junto a Ryan, son los únicos dos pitchers en la historia con una actuación así a los 42 o más años.
Después de que Josh Naylor rodara flojito a segunda para cerrar el séptimo, Scherzer se bajó de la lomita con ventaja 4-0 y el estadio completo se le paró a aplaudir. Lanzó 67 de sus 97 envíos para strike, regaló un boleto, y el único hit que le conectaron fue un doble de Raleigh en el cuarto.
Así que ya lo saben: mientras otros a los 42 están pensando en jubilarse, Scherzer sigue ahí, poncha que poncha, subiendo peldaños como si la escalera fuera pa’ él solo. ¡Ajá, y todavía dicen que el veterano no rinde!



