Que alguien le avise a la Liga que los Padres de San Diego ya no están jugando a ver quién clasifica: están jugando a ver quién los para, y hasta ahora la respuesta es nadie. El domingo completaron la barrida contra los Mellizos de Minnesota con un contundente 8-1 en el Petco Park.
Esta fue, sin exagerar, la serie más completa que han jugado los Frailes en toda la campaña. No fue un jugador cargando al equipo en el lomo: aportaron de todos lados, como en fiesta de barrio donde todo el mundo lleva algo. Las estrellas jugando como estrellas, el bullpen convertido en una máquina afinada y hasta el cuerpo de abridores, que llevaba meses debiéndole plata al fanático, por fin apareciendo con la cara lavada.
El domingo fue el resumen perfecto de esa fórmula. Tatis abrió la pizarra con jonrón, Walker Buehler se plantó sólido en el montículo por seis entradas, y cuando parecía que el partido iba tranquilo, en el sexto episodio se armó la de San Quintín: Luis Campusano, Austin Hays y Xander Bogaerts se fueron de boleto uno detrás del otro, y ahí llegó el venezolano Luis Rengifo a meter un doblete de dos carreras que le puso la directiva a San Diego. Ni el que estaba dormido en las gradas se quedó sin ver acción.
Y por si fuera poco, ahí no se acabó la fiesta: Tatis añadió un sencillo remolcador, Merrill conectó su vuelacercas número 21 una entrada después, y para rematar, Tatis se voló la cerca por segunda vez en el octavo. Molleja de paliza.
Tatis está que arde
¿Se acuerdan cuando Tatis no le podía dar ni al aire a principios de temporada? Bueno, olvídese de eso, porque ahora el hombre no para. Sacó su jonrón 16 y 17 de la campaña: el primero, un batazo de línea que se llevó por delante el Western Metal Building en el tercer inning, y el segundo, un solitario en el octavo que fue puro trámite.
De esos 17 cuadrangulares, 12 han caído en la segunda mitad de temporada, lo que lo pone de primero en todas las Grandes Ligas desde el Juego de Estrellas. O sea, el que estaba «seco» hace unos meses ahora es el que más la desaparece.
Lo interesante es que fue exactamente el tipo de swing que se le venía negando en la primera mitad. Bailey Ober le dejó un slider colgado por dentro y Tatis lo jaló sin compasión. Hizo lo mismo después ante un sweeper de Taylor Rogers. Cuando el brazo está fino y la mente está tranquila, no hay lanzamiento que se salve.
La rotación por fin se puso las pilas
Y hablando de cosas que tardaron en cuadrar: la rotación de San Diego finalmente está donde el mánager la quería desde marzo. Ya no tiene que cargar sola con el equipo — el bullpen de los Frailes es de los mejores del béisbol, y la ofensiva anda entre las cinco o diez mejores de las mayores ahora que las estrellas están conectando y los jugadores de rol están cumpliendo su papel sin hacer bulla.
Lo único que le pedían a la rotación era calidad, y eso fue justo lo que entregó. Descontando la apertura acortada por lesión de Casey Mize (quien dijo el domingo que espera volver al montículo en su próxima salida), los abridores de San Diego han hilado seis aperturas de calidad consecutivas. Buehler ya lleva tres seguidas él solito.
El dato frío, sin sarcasmo: con esta victoria, los Padres llegan a 21 triunfos en sus últimos 28 partidos. La cosa va en serio.



