Se armó la mudanza: los venezolanos que empacaron maleta en el trade deadline

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Se acabó el peo. Este lunes cerró el plazo de cambios en Grandes Ligas y, como es costumbre, la colonia criolla no se quedó viendo el aguacero desde el balcón.

El que se llevó los flashes fue Luis Arráez, el yaracuyano que batea como si el bate tuviera GPS. Los Phillies de Philadelphia, que ya no aguantaban las ganas, lo agarraron, y a cambio soltaron al derecho Ramón Márquez (su quinto prospecto según MLB Pipeline) y al también diestro Marty Gair. Precio fino, pero cuando uno quiere el mejor contacto de las Mayores, no se anda con roscas.

Y aquí viene lo bueno: Don Mattingly ahora tiene que armar un rompecabezas en el infield. Bryson Stott se corre pa’ la antesala, Bryce Harper se va de jardinero (donde no pisa el pasto desde 2022, imagínate el óxido) y Alec Bohm queda en la inicial. Todo ese despelote solo para hacerle campo al segundo mejor camarero en OAA de la temporada (+11). Eso sí que es mudarse por un pana bueno.

Antonio Senzatela también se echó su maletica, dejando Colorado para sumarse al combo venezolano de Milwaukee, donde ya lo esperan William Contreras, Jackson Chourio y el novato Luis Lara. Los Cerveceros tienen fama de componer brazos, y Senzatela llega con currículum mixto: arrancó el año con una efectividad de 1.36 que era pa’ comérsela con papitas, pero en los últimos dos meses se le fue la mano y terminó con 7.45 en 19.1 innings. Aun así, sigue tirando a 97 millas (percentil 87) y limitando el hard-hit a un mísero 5.8%. O sea, la materia prima sigue dura (con perdón), lo que le faltaba era el hábitat correcto.

Mientras tanto, en el cambio grande de receptores, Carlos Narváez llegó a Baltimore como parte del combo que mandó a Adley Rutschman pa’ Boston. Ojo, que no fue la pieza principal, pero ahí va, con maleta y todo. El 2026 no ha sido su año: .187 de average en 62 juegos, tres jonrones y un bWAR de -0.5, números que dan más pena que un domingo sin sopa. Pero llega a una organización en reconstrucción con cinco años de control por delante, así que todavía hay tiempo de enderezar el chinchorro.

Ese mismo cambio dejó a los venezolanos Enddy Azócar y Harold Rivas viajando pa’ Baltimore como parte de los cuatro prospectos recibidos. Futuro por ahora, pero futuro al fin.

Y cerrando el peo, los Angelinos de Los Ángeles se pusieron las pilas por partida doble: se trajeron al receptor cubano-venezolano Moisés Ballesteros desde los Cachorros y al lanzador Ángel Rivero, este último llegado en la negociación que mandó al dominicano José Soriano pa’ Toronto. Presente y futuro en el mismo paquete, como combo de arepa con queso y carne mechada.

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