Luis Arráez ya cerró su capítulo del cuarto Juego de Estrellas y ahora tiene que vérselas con el peo más incómodo de julio: su nombre sonando de nuevo en el bololó de los cambios de cara al 3 de agosto.
El segunda base de los Gigantes, que anda con .330 de promedio (119 de 331 en 91 juegos) y peleando el título de bateo de la Liga Nacional, agarró el tema con la calma de quien está tomando una cervecera en la playa. «Dejo todo en manos de Dios, no estoy pensando en cambios ahora mismo», soltó a El Extrabase, y remató con una perlita filosófica: «una vez que lo malo te entra en la cabeza, tú dices: ‘Wow, cómo salgo de aquí’».
Si se queda, feliz de seguir en segunda base junto a Ron Washington, a quien llamó «una bendición». Si lo cambian, ya sabe cuál es el peo: ir a dar su granito de arena pa’ ayudar al equipo que lo reciba a llegar a playoffs. Profesional hasta cuando lo mandan pa’ otro lado.
Cuando Barry Bonds te reconoce
En la previa del Juego de Estrellas, nada más y nada menos que Barry Bonds se le arrimó pa’ decirle que le recuerda a él mismo en sus tiempos mozos —tal vez sin el poder, pero sí con la clase de dirigir la bola. «Me dijo: ‘Creo que eres un jugador bendecido y te admiro mucho’», contó Arráez, sin disimular el orgullo.
También se rió contando que estaba aburrido en el dugout hasta que le pusieron enfrente a un zurdo con unos cutters que lo dejaron pensando «wow, voy a tomar un turno y me ponen un zurdo así».
La familia, la verdadera MVP
Arráez contó que sus hijas ya entienden mejor la vaina: Emma ha vivido los cuatro Juegos de Estrellas, Esther va en el tercero y Esthela en su segundo. Emma andaba preocupada de no verlo en las votaciones, así que cuando le llegó la noticia en Colorado, Arráez la llamó él mismo pa’ darle la primicia.
Para rematar, tuvo palabras bonitas pa’ Otto López: «Es un pelotero que respeta el juego, y cuando respetas el juego y trabajas con humildad, tienes bastantes oportunidades y Dios te ayuda con eso».



