Primo, lo de Pete Fairbanks está como pa’ contarlo con gaita de fondo, ¿oíste? 😄 Resulta que el hombre llegó calladito, sin mucho ruido, y en dos juegos ya tiene dos salvados… ¡DOS! Una vaina que no pasaba desde 2004 en los Marlins. ¡No juegue, compadre!
Mano, ese bullpen estaba más olvidado que control de TV sin pila, y llega Fairbanks y dice: “epa, yo me encargo de este desastre”. Noveno inning, corazón en la boca, y el tipo más tranquilo que quien está echando cuentos en la esquina. Cerró esos juegos como quien baja la santamaría del negocio: firme y sin tembladera.
Y uno viendo eso y diciendo: “¡pero ajá, papá, de dónde salió este caballo!” Porque no es solo que salvó los juegos, es que lo hizo con una seguridad que provoca decirle: “primo, quédate ahí que esa es tu silla”. ¡Una confianza que ni el WiFi del vecino cuando te sabes la clave! 😂
Así que pendiente con ese nombre, Pete Fairbanks, que llegó fue a poner orden. Dos juegos, dos salvados… ¡y pa’ la casa! Si sigue así, va a tener a todo Miami diciendo: “este sí es el cerrador, no me lo cambien, vale”. 🔥🐟



